jueves, 6 de abril de 2017

Análisis y crítica de la huella y obra de Chespirito

Desde muy niño me fijé en Chespirito. Vi que el impacto de su obra era positiva en la gente, y el espectador. Y su obra además de ser entretenida, tenía éxito, por la misma razón.

Pero siempre veía yo que había algo más atrás de este éxito y este entretenimiento de su programa de televisión. Quería saber. La psicología sería útil para ello, pero no la única herramienta.
Y bueno, descubrí que Chespirito obtuvo su nombre artístico de un director teatral llamado Agustín P. Delgado, debido a su afición a escribir guiones y personajes al estilo dramático de Shakespeare, cuyo nombre, pronunciado a la castellana, y en diminutivo, sería CHEKSPIR. Luego salió CHESPIRITO.

Y es cierto, Chespirito, sus personajes son en su mayoría tragicómicos. Son incompletos, e imperfectos. Su imperfección es justamente lo que los hace enternecedores y agradables. Veamos:


  • El Chavo: no tiene padres, siempre tiene hambre, rompe todo y hace cagadas (disculpen la expresión). Es el huérfano de la calle.
  • Don Ramón: no tiene esposa, es muy rabioso, no trabaja; Es el soltero desempleado
  • Doña Clotilde: no tiene enamorado, es fea, siempre anda persiguiendo el amor de don Ramón; Es la señora fea del barrio;
  • Doña Florinda: es viuda, mima demasiado a su hijo Quico, está tontamente enamorada del profesor Jirafales, y es la más moralista de todos sus personajes; es la señora digna del barrio;
  • El profesor Jirafales: el más sabiondo de todos, estoico, solitario y moralista; es el hombre que se cree ideal;
  • Señor Barriga: no tiene esposa, solo se sabe que cobra renta, es muy gordo; es el hombre trabajador y pujante de clase media;
  • Quico: es muy presumido, envidioso, llorón, no tiene padre; es el niño odioso del barrio;
  • La Chilindrina: es muy vivaracha, llorona, cepillo (aduladora) y no tiene madre; es la niña lista del barrio.


Y así todos los personajes tienen defectos. No existe en el Chavo ni una relación completa, a excepción tal vez por los 30 segundos en que doña Florinda y el Profesor Jirafales se ven.

¿Por qué esta vertiente de Chespirito de escribir estos personajes? No lo sé, no soy psicólogo y no conozco la vida de Roberto Gómez Bolaños a profundidad. Pero sus programas han sido una de las tendencias más perdurables de América Latina, aun lleno de mexicanismos, llegando a ser televisados por más de 40 años, haciendo de Televisa uno de los canales con más rating y más conocidos fuera de México.

Sus shows tienen muy poco moralismo (a excepción de doña Florinda, y el profesor Jirafales que como dijimos antes, son los personajes más moralistas), y casi se podrían considerar amorales, jugando a veces muy fuerte con los prejuicios como la gordura, la fealdad, los golpes, la ignorancia y, muy abiertamente, la pobreza. El juego y la vida sin preocupaciones o altibajos (casi siempre es el mismo esquema, el mismo escenario, el mismo guión) de la vecindad es el tema principal y recurrente. Pero la tragicomedia, como era con Shakespeare, es así, la vida de todos los días.

Este hecho de presentar estos prejuicios de manera amoral hacen sentir un poco la indefensión de estos personajes. Quisiéramos proteger al Chavo, evitar que doña Florinda cachetee a don Ramón, o darle trabajo a este último. El público a veces quiere reír, pero también quiere enojarse.

Chespirito nos dejó la marca de lo tragicómico muy fuerte en la psiquis del latinoamericano. No, no es una escuela para la vida, pero entretiene, y, silenciosamente, crea criterios estéticos en lo latinoamericano. Sin embargo estos criterios estéticos son muy poco plásticos, muy poco moldeables. Son como Chespirito, muy ideales en su no idealidad. Están prácticamente tallados en la roca. O mejor dicho tallados en el guión. Al final no consigue nada, más que entretener un buen rato.

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